martes, 9 de febrero de 2010

La Mallona argentina


Dos abuelos emigrantes. Él de Santa María de Moraña (Pontevedra) y ella de La Mallona (Soria). El nieto, Blas Camiño Gallego, acaba de obtener la nacionalidad española. Pero no todos los descendientes de españoles en el exterior corren su misma suerte. Si su abuela no se hubiera casado con un emigrante español, Blas sería uno de los más de 30.000 gallegos sin papeles. ¿El motivo? Al casarse, las mujeres emigrantes perdían automáticamente la nacionalidad y adquirían la del marido."Nunca imaginé que iba a llegar este día", celebraba horas antes de ir al Consulado de España en Buenos Aires para tramitar el pasaporte una vez que el Ministerio de Exteriores dio el visto bueno a su solicitud. "Si pudiera –asegura– me iría hoy mismo a Galicia, pero tengo que esperar hasta que reúna algo de dinero". A sus 30 años, Blas Camiño no tiene ninguna atadura que le impida marcharse. Ni pareja ni trabajo. Por ese motivo, asegura que le resulta más fácil hacer las maletas y volver, por segunda vez, a la tierra de su abuelo. Aunque en un principio sólo se trasladará él, cuando esté asentado, quiere que su madre, viuda, también viaje con él. "Aquí [en Argentina] se subsiste, no se vive. El futuro va ser peor que el presente", comenta Blas, al tiempo que asegura que "aunque no hubiera logrado la nacionalidad española" ya se había planteado "seguir los pasos" de su abuelo, que en 1935 emigró de Moraña a Argentina. "No tramité la nacionalidad con la finalidad de poder viajar a España. La pedí por sentimientos, por cuestión de identidad y cultura", asegura. Pese a las sucesivas reformas del Código Civil en materia de nacionalidad, la anterior en enero de 2003, su caso no estaba en la lista de nuevos beneficiarios, ya que durante el franquismo se promulgó una norma por la cual los nietos mayores de edad no podían acceder a la nacionalidad española. Con la disposición adicional séptima de la Ley de Memoria Histórica, Blas ya puede nacionalizarse. Después de más de 25 años de las últimas cartas enviadas desde Moraña, Blas logró contactar de nuevo con la familia de su abuelo. Ese contacto lo llevó a viajar por primera vez a Galicia el verano pasado. Un mes bastaron para saber que quiere volver. Pero esta vez para quedarse. "Extraño acá lo que no extrañé allí. Deseo volver ya mismo".

(Noticia de Faro de Vigo, 29 de agosto de 2009)


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