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martes, 3 de agosto de 2010
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Museo de las Comunidades
Calatañazor albergará un museo sobre las comunidades de Villa y Tierra
Los doce privilegios reales restaurados en Simancas ocuparán un lugar destacado en el futuro espacio museístico que se ubicará en la iglesia de Nuestra Señora del Castillo."Estos documentos demuestran que el patrimonio soriano no son sólo piedras y estatuas"
Los doce privilegios reales restaurados en Simancas ocuparán un lugar destacado en el futuro espacio museístico que se ubicará en la iglesia de Nuestra Señora del Castillo."Estos documentos demuestran que el patrimonio soriano no son sólo piedras y estatuas"
Irene Llorente Yoldi (Heraldo de Soria)
La Diócesis de Osma-Soria quiere construir un museo sobre las comunidades de Villa y Tierra de la provincia que fueron las artífices de la construcción de las iglesias románicas, según explicó ayer el vicario de Patrimonio de la Diócesis, Juan Carlos Atienza. Esta propuesta surge a raíz de la intervención que ha llevado a cabo el centro de conservación y restauración de bienes culturales Simancas de la Junta de Castilla y León, a petición de la Diócesis de Osma, en doce privilegios reales y cartas plomadas de la iglesia de Santa María del Castillo de Calatañazor, que se encontraban en el museo del templo. Cabe destacar la fecha de los documentos que datan desde mediados del siglo XIII a mediados del siglo XVI, abarcando el periodo que se extiende entre los monarcas Fernando III el Santo y Enrique IV, así como dos volúmenes que reúnen documentación del reinado de los Reyes Católicos y Carlos V.
La intervención de la Consejería de Cultura y Turismo de la Administración regional surgió tras una visita de la propia consejera a Calatañazor, con motivo de las obras del proyecto cultural que está desarrollando su cartera en el marco del Plan Pahis de Intervención en el Patrimonio Histórico.
Además, permitirá garantizar la perdurabilidad de este conjunto documental que constituye sin duda uno de los puntos de referencia para el conocimiento de la villa de Calatañazor, punto clave en el proceso repoblador castellano en el extremo oriental de la Meseta. Según subrayó el delegado territorial de la Junta, Carlos de la Casa, tras hacer entrega de los documentos, entre ellos se puede contemplar una Carta de confirmación y Privilegio de Fernando III el Santo, un Privilegio rodado de Sancho IV o una Bula Pontificia de Pablo III. Documentos que datan entre los siglos XIII al XVI.Textos, casi todos ellos en pergamino salvo uno que combina pergamino y papel, que ilustran la vida social de la gente en cuanto a ocupación de terrenos, impuestos y execciones, concretó. Atienza explicó que la Diócesis Soria trabaja ahora en la investigación de estos documentos "para tenerlo en cuenta" a la hora de poner en marcha el futuro museo. Con estos legajos tanto la Diócesis como la Junta pretenden demostrar mediante su difusión y conocimiento que "el patrimonio soriano no son sólo piedras y estatuas, sino que hay una rica documentación de la vida social que fue desarrollando este arte".
Explicó Atienza que la Diócesis se pondrá a trabajar en este proyecto museográfico, ya previsto de incluirse en el Soria Románica, entrado ya el año 2010 o incluso para 2011. El Obispado estudia ahora la mejor ubicación para estos documentos en el entorno de la propia iglesia de Nuestra Señora del Castillo, bien en el mismo espacio que ocupaba hasta su restauración una vez remodelado o incluso en el coro o en un anexo que se ha creado recientemente. Privilegios rodados. Estos documentos, que se encontraban en un pequeño museo que ya albergaba la iglesia de Calatañazor, son privilegios municipales de la Cancillería Castellana, todos ellos originales múltiples. En concreto, son varias cartas de fuero que manifiestan el conjunto de normas jurídicas que regulan la vida local, y la exención de cargas y servicios para los vecinos y moradores de la villa, donde se puede conocer la estructura social e histórica de su devenir.
En su mayoría corresponden a la tipología de privilegios rodados, documentos reales en su forma más solemne de contenido jurídico, por un lado, y que cuenta con un rasgo diplomático característico: el anagrama de Cristo y la rueda. También se constata la tipología de cartas plomadas (recibe este nombre por el sello de plomo pendiente de la parte inferior del legajo), documentos más sencillos diplomáticamente, pero de igual valor jurídico. No tienen rueda ni lista de testigos confirmantes pero en ocasiones la solemnidad del documento es la misma que en los privilegios rodados y su estructura diplomática es semejante. Estas cartas reiteran acuerdos o disposiciones consignadas en documentos anteriores, con objeto de renovar su fuerza y vigencia legal. No obstante, las cartas restauradas procedentes de la iglesia de Calatañazor no poseían ninguna el sello de plomo. También hay dos documentos en forma de cuaderno porque durante el reinado de los Reyes Católicos el privilegio de gran formato desaparece, validándose con sello pendiente de plomo.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Viaje al año mil
De 1953 al año 1000 -más exactamente 1002- hay sólo 33 kilómetros. En media hora, sin apresurarse, se salvan 951 años. El punto de partida puede ser un olmo enorme y municipal, donde ejecuta melodías desde su copa una banda de música. Este olmo está en Soria, increible y mínima ciudad, a la que un siglo entero de espléndida literatura -Bécquer, Machado, Gerardo Diego- no ha conseguido sacar del desconocimiento. Tal vez por haberse convertido en objeto literario; después de leer Campos de Castilla parece que no hay ya más que hacer, y sin embargo, los pocos que salen de ese error vuelven como de haber labrado y sembrado una nueva parcela de su espíritu.Para llegar al año 1000 hay que salir por Golmayo, cruzar la paramera soriana, donde se aprietan las ovejas en las inmensas, huecas soledades que el larguísimo invierno apaga en nieve, pasar por Villaciervos, villa de los pastores de las capas blancas, presentes en los capiteles de San Juan de Duero -junto a un diablo tentador que persuade malignamente a Herodes de perpetrar la atrocidad de los Inocentes; un Herodes perplejo y atribulado, que tira de sus barbas en la cima de la indecisión-, y entrar por un camino tortuoso y empinado que ya empieza a estar fuera del mundo.
Y de pronto, en un recodo, a la izquierda, lo increible: Calatañazor. Piedras grises, adobes, paredes casi tejidas con ramas y pedrezuelas. Las ruinas de un castillo. Arriba, el azul brillante. Calles pinas, sin gentes; curvos balcones de madera tosca; aleros saledizos que no dan sombra a nadie. Vejez, vejez. Hogares con campana cónica, por donde alguna vez sube un humillo tenue. Una plaza con un rollo dramático y un olmo viejísimo, hueco, con su verde penacho de follaje indiferente; y un caserón grisiento, donde dan su latido rojo unos geranios.
¿Dónde está la gente? Este cura párroco, con cabeza de romano y flequillo negro, que anda en invierno horas de nieve, con las recias botas puestas, para llevar la misa a otros tres pueblos, ¿a quién espera? Sin duda a que vuelvan los que están peleando abajo, en el valle, a la sombra del castillo, con las retaguardias de Almanzor, que se repliegan hacia la desolación inaudita y cárdena de Medinaceli.
Pero al llegar a los torreones derruidos, al mirar hacia abajo, al ancho valle preparado para la lucha desde el quinto día de la Creación, se ve que los pocos hombres de Calatañazor no combaten contra las lanzas califales, sino contra las doradas espigas del tardío trio de estas tierras del Duero adolescente; están trillando. Naturalmente, con los trillos del año 1000; con los que al cumplirse el milenio de la Redención eran ya milenarios: la tabla combada hacia arriba, como una proa que navega en el mínimo mar redondo y amarillo de la parva; debajo, los pedernales paleolíticos, tallados a golpe, van cortando pausada, morosamente, la paja y dejando libre el grano. Cuando la parva está lata, el trillo navega por un mar casi tempestuoso; cuando va menguando, el hombre y la mula giran monótamente en el disco amarillo, que reluce al sol, rodeados de cuadrados, rectángulos, trapecios verdes, rojizos, negruzcos: las infinitas parcelas míseras -sembrados, barbechos, rastrojos- de la tierra soriana atomizada.
En el ocaso, el sol. Un globo rojo que se va hinchando y vertiendo su sangre por el horizonte. Ni una sola nube. Llegan, cecanas, cruzando un prodigioso cristal de aire, voces agudas de las figuras lejanísimas. Tan lejanas, que no son nuestras, que no son de nuestros contemporáneos. Dentro de un rato, cuando el sol, que se está ennegreciendo por el borde, se haya escondido; cuando se haga mayor el silencio y triunfe el violeta y las estrellas hagan su algara súbita sobre el pueblo cristiano, subirán a las casas, encenderán el fuego, pedirán noticias del Conde Sancho García, que va a entrar con mesnadas en tierra de moros, y escucharán al viento oscuro, hasta que llegue el sueño y el escenario se traslade de la tierra invisible al cielo altísimo y profundo, que cuenta las horas en el reloj de sus constelaciones, impasible y siempre el mismo, milenio más, milenio menos.
JM y Soria
miércoles, 18 de marzo de 2009
Poema
martes, 17 de marzo de 2009
MANUEL ARRIBAS: Calatañazor
Conocido casi únicamente por la derrota que allí sufriera Almanzor de las tropas castellanas y leonesas en 1002, es casi ignorado bajo otros aspectos a cual más interesante.Se encuentra situado en la cima de una enorme roca aislada de sus alrededores por las profundas hoces que forma el río al E. y S. de la villa, y del O. y N. por la misma altura de la peña cortada. (seguir leyendo)LABERINTO ROMANICO: En Calatañazor el románico Magister perdio el tambor
LABERINTO ROMANICO: La soledad sonora...
PICOTA Y CEPO: "Más vale soledad..."
jueves, 15 de enero de 2009
jueves, 8 de enero de 2009
Calatañazor
"Los cristianos, que nunca pudieron vencerlo mientras vivía, inventaron para él una derrota póstuma, la nunca sucedida batalla de Calatañazor, nombre que aun perduraba, novecientos cincuenta años después de su muerte, en nuestras enciclopedias infantiles. Pero Muhammad ibn Abi Amir al-Mansur billah murió sin conocer la mediad abismal de su propio fracaso."Muñoz Molina, Antonio. Córdoba de los Omeyas
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